Tu realidad y mi sueño

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Tu realidad y mi sueño

Hoy me he encontrado con mi amiga, me ha estado contando un poco su trabajo, al principio me pareció algo muy duro, que yo no podría hacer.
Con tanto detalle me hizo entrar en un profundo sueño, según ella relataba la noche anterior yo me puse en su lugar, me transporté a el club donde trabaja, incluso llevaba su misma ropa.
_No había clientes, todas estábamos sentadas en la barra del bar, algunas en los sofás…-iba contando Seyla.
Yo estaba en aquella barra, llevaba un preciosa vestidito, tan ajustado que me marcaba hasta el pequeño tanga, mis pechos estaban más fuera que dentro, era muy provocador.
Mi pelo era de color azul, una media melena que me tocaba los hombros desnudos, muy maquillada, me realzaba los ojos con tanto rímel y mis labios pedían sexo con ese color tan brillante.
Los zapatos eran del mismo color que mi vestido, de un blanco perlado, estos no tenían tantas lentejuelas, pero desprendían luz igualmente.
Entra un cliente, observa durante un poco a todas las chicas, en sus ojos deja claro lo que quiere, está muy cachondo y piensa desahogarse.
No se muy bien la edad, tal vez unos 30, no más, está muy bien vestido, con un traje informal, se puedo ver claramente que es muy fuerte, su cuerpo bien trabajado, fibroso sin nada de grasa.
El pelo es muy corto en los laterales, arriba engominado de punta, pero también corto.

Sus ojos tienen una luz que me deja sin respiración, no deja de observarme, me está poniendo nerviosa, cosa que no suele sucederme, pero tiene algo…
Se dirige a mi, se sienta a mi lado y me pregunta mi nombre, normalmente soy yo quien se dirige al cliente, pero no me ha dado tiempo.
Le digo Susi, antes de terminar mi propio nombre ya tenía sus labios sobre los míos, sus manos me sujetaban con tanta firmeza que no pude evitarlo, quise escapar, pero no lo hice, seguí su beso, entrelazamos nuestras lenguas, degustándonos.
No hubo más palabras, ni un cuanto vales, nada a la camarera, ni tiempo, nada, tan solo le tendió su mano, yo la miré, comprendió que debía de darnos la llave.
Subimos rápidamente, me llevaba de la mano, el caminaba delante, como si yo fuese su clienta.
Así fue, nada más entrar en la habitación me dejó claro que no quería nada de mí que yo no desease, que quería que yo le pidiese a él que quería que me hiciese.
Mi mente se transformó de pronto, me vi en mi su casa, el era mi criado, lo llamaba a mi alcoba y le obligaba a follarme.
Ese pensamiento me puso muy cachonda.
No me atrevía a hablar, parecía novata, tan siquiera me quité la ropa, pero él parecía muy tranquilo, un hombre muy experimentado.
Se acercó a mi, y me desabrochó el vestido que me quitó con mucha suavidad.
Lo mismo hizo con mi sujetador, tan solo me dejó el tanga y los zapatos, incluso me dijo, – no te los quites, estás muy sexy así-.
Aún sin quitarse su traje, me tumbó sobre la cama, acariciaba todo mi cuerpo con mucho tacto, parándose tan solo donde me sentía la respiración acelerada, mi cuello lo lamió arriaba y abajo, mordisqueando mis orejas, hablando suavemente a mi oído.
Bajó hacia mis pechos, con sus manos me los dibujaba a la vez que su lengua jugueteaba con mis pezones, estaban tan duros que a cada lengüetada se movían.
Bajó rápidamente hasta el ombligo, hacía círculos todo a su alrededor, ya bajaba hacia mi pubis cuando se levantó, dejándome ya muy mojada, deseando más que nunca que me abriese y me comiese todo mi sexo.
Se quitó con tranquilidad su ropa, no dejó de mirarme ni un solo instante, su cara de deseo junto con aquel cuerpo que estaba descubriendo me hizo llevar mi mano sobre mi coño, abrírmelo, mojarme los dedos con mi propia saliva y masturbarme, estaba ardiendo, no podía evitarlo, de sus labios salió una sonrisa pícara, por ella supe que es precisamente lo que deseaba.
No vino a mí, desnudo ante mi, abierta de piernas sobre la cama, con mis labios vaginales muy abiertos, diciéndome lo caliente que lo estaba poniendo, comenzó a masturbarse él también.
No tardó en eyacular, su semen salió disparado contra la pared, como si no se hubiese corrido en meses, yo no paré, seguía metiendo mis dedos en mí, siempre que me masturbo cierro los ojos y me imagino a quien me está comiendo, pero hoy no, estoy mirándolo, es mejor esto, tenerlo de veras aquí, estoy disfrutando más que nunca.
Suelo acelerar el proceso, queriendo correrme en cada toque de mi clítoris, sin embargo no deseo que así sea, hoy es distinto, me está gustando tanto que no quiero llegar aún.
Se me ha olvidado totalmente que él tendrá que pagarme por el tiempo que allí esté, a él parece que tampoco le está importando eso.
Su pene no se baja tras la eyaculación, sigue incluso mas dura, se arrodilla y termina el trabajo que yo comencé.
Ahora si que no tardo en correrme, saberle ahí comiéndome de esa forma como lo hace, no puedo evitarlo y me dejo ir, grito, suspiro, mi cuerpo se contrae una y otra vez, no me deja terminar cuando su pene erecto está dentro de mi coño.
Me embiste una y otra vez, yo tumbada y el en medio de mis piernas, pero me da la vuelta enseguida, se pone de rodillas en la cama y me penetra por mi vagina por atrás.
Su polla entra tan fuerte dentro de mí que chillo, de placer, mis chillidos se oyen desde abajo, puedo escuchar los cuchicheos de mis compañeras.
Dejo que mi cabeza se recueste en la almohada, siguen sus embestidas, no quiero que pare, incluso así me entrará su polla más adentro.
Sus manos me sujetan las caderas, ayudándose a metérmela una y otra vez, atrayéndome contra él al mismo tiempo que el entra en mí.
Ya por ultimo me coge del pelo, me sujeta mi cabeza pero sin hacerme daño, solo me pone más caliente aún.
Le pido ahora que me la meta en mi culo, la saca rápidamente y así lo hace, primero despacio, pero está tan mojada, y yo lo mismo, estoy chorreando, que no hace falta que lo haga con tanto mimo, entra enseguida nada más que yo empujo hacia arriba.
Me está gustando mucho, pero no puedo evitar dar un grito de placer y dolor a la vez.
Noto que su polla se contrae dentro de mí, está corriendose de nuevo, esta sensación, este conjunto de placeres, tanto en mi cuerpo como en mi mente hace que yo llegue al éxtasis, me dejo caer. Él se tira a mi lado.
_¿Sabes Susy? ese hombre cuando yo le dije mi nombre me miró diciéndome todo lo que iba a suceder, ha sido algo estupendo, el mejor cliente que he tenido.
_Si Seyla, no me preguntes el porqué, pero lo se.

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Agregado hace 9 años

Categoría: Follando, Relatos Eróticos

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2 Comentarios to “Tu realidad y mi sueño”

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